Carta de Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos a Pepe Ruz y Josep Vila Fisas

Interesante ejercicio narrativo, donde la voz y la imagen conforman un mundo de alegorías, metáforas y reflexiones sobre el amor y la muerte.
A destacar las excelencias de un texto literario profundo y muy bien estructurado, con una voz envolvente y cálida de la protagonista, Mar Nicolás, a las que acompañan y sustentan impactantes imágenes donde las citadas alegorías, metáforas y reflexiones se proyectan con fuerza hacia el espectador.
Muy bien logrados los efectos especiales, indispensables para entrar en ese mundo onírico de la protagonista, y, sobre todo, excelente el ritmo narrativo, en un montaje que proyecta en su justa medida la dimensión de las palabras que la voz en off va desgranando a lo largo del corto. Son casi 12 minutos de intensidad, donde la desesperación de esa mujer, su capacidad de amar y abnegación, se proyecta perfectamente a través de las imágenes y de una contundente banda sonora, donde la adecuada utilización de la batería marca el ritmo y la progresión de la historia. Estamos ante un logrado ejercicio experimental, donde la voz y la imagen se complementan a la perfección y de forma contundente, para llegar al fondo de esta historia de amor y muerte. Realmente sugestivos son algunos momentos narrativos con acertada utilización de las metáforas (el tronco retorcido en el colchón donde se ha visto a la protagonista), elementos de doble significado como el tenedor/peine, y, especialmente, la buena utilización de los primeros planos y de los movimientos de cámara con una fotografía espléndida y poderosa, en lo que a la realización se refiere.
Es un corto de calidad, realmente interesante, que se merece la atención de un público inquieto y abierto a nuevas experiencias narrativas.
En la primera visión que hice del primer montaje me pareció que sobraba voz, pero, revisado el corto con el nuevo montaje, y tras visionarlo dos veces, he entrado en su dinámica sin ningún esfuerzo y no me ha sobrado nada. Creo que habéis acertado de pleno y podéis estar muy satisfechos de vuestro trabajo.
Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

EL CORTO



‘HACE TAN SOLO 35 AÑOS, TODO DEBERÍA HABER MEJORADO; TODAS LAS ENFERMEDADES DEL ALMA, LA TRISTEZA, LA ANGUSTIA, LA DEMENCIA… DEBÍAN ENCONTRAR SU CURA MEDIANTE EL USO DE LA VOZ DE LOS SEMBRADORES Y LLEGAR, DE ESE MODO, A SER ERRADICADAS. PERO NO FUE ASÍ. CONTRARIAMENTE, TODO SE VOLVIÓ DEMENCIAL Y ABSURDO, Y AHORA, FRENTE A ESTA LOCURA EN LA QUE VIVIMOS, MUY POCOS CONSIGUEN REBELARSE.’

1
Quieres que te hable, lo sé. Pero, Juan, no puedo. En cambio, estoy aquí, impedida, con mi cerebro disertando solo. Por lo que entiendo de lo que me dices, por tu manera de hablarme, ni tan siquiera podéis registrar un atisbo de mi actividad mental. ¿Tan engañados estábamos? Tú quieres que mi voz resuene de nuevo, que te acaricie con ella entre las sienes. Necesitas que de mis labios surjan palabras intensas, tal como dices que fue siempre, y no soy capaz. Y lo lamento tanto, querido.

2
A ratos puedo escucharte. ¿Vivo acaso en un lugar que no es sino un tránsito hacia ese cielo en el que tú siempre has creído y de cuya existencia siempre has querido convencerme? Amor mío, quiero poder hablarte. Es preciso que pueda hacerlo. Que sepas de mí. Pero esta vez no estoy segura de salir victoriosa y eso me aflige. No poder seguir a tu lado… Pero tú insiste, por favor; persevera en tu empeño. No dejes de pedirme que hable, que una vez más, como tú dices, sea entonces que desove en tu lamento mi sosiego, mi veneno que cura, que te penetre mi ensalmo y que sane tu discurso. Dímelo. Pídeme, si es necesario con tu llanto, que vuelva a poner una fibra de luz entre mis dientes, ese rezo que dices que coso en lo alto con la materia inconsciente de los hechos.

3
Juan, la primera vez que te oí en esta noche tan larga, yo ya había ido hasta el lugar de donde provenía el murmullo. Sí, pude arrastrarme hasta ese punto de luz. Fue allí donde accedí a la auténtica sabiduría, y en esa oscuridad desconocida todo se tornó placidez. Desde que me traspasó lo que aprendí y hasta que oí de nuevo tu voz, permanecí en una especie de limbo dichoso, inmersa en un extraño y apacible júbilo sin ningún vestigio de zozobra. Antes, la oscuridad en la que me había despertado, ese tránsito, era un purgatorio. Al sentirme desamparada empecé a recitar en mi mente el texto que creí que era el más apropiado para engrandecerme y superar esa situación. Voz roja de la carne entre rejas, me dije, ruge un gran quejido y lograrás así restañar la brecha. Enaltecida al instante, ¡me sentí impulsada a proseguir aún con mayor énfasis! Tú, mi voz roja, tienes que pronunciarte en contra de ese dios que te saja, que te hiere y que tú sientes que lo hace sin ofrecerte a cambio ningún sentido, y surgirás con tanta rabia acumulada, airada ante la congoja, haciendo que sangre antes tu garganta, que ser solo una voz sobrecogida que no logra alzarse. Juan, si pudieras escucharme… Canción roja de arrojo sin sosiego, conjuro de nuestro ser que mi voz lanza buscando abrir las rejas a otro juego: que, al rugir a sentidos que no alcanza, resurjan los instantes donde eres el fuego de mi luz, de mi sed, de mi esperanza.

4
Juan, ¿cómo lo harás sin mí?, si muero, me dices. Por eso... me angustia no poder hablarte. Cariño, con todo lo que sé ahora, ¿cómo voy a conformarme con los sortilegios que ahora veo, que con escasa destreza, concebí para ti? Voy contigo, te decía cuando crecía tu insatisfacción y eso te tambaleaba. ¿Lo recuerdas? Voy contigo hacia el sitio donde te nacerán mariposas con sus colores y despedazarán el negro de las crisálidas muertas. Voy contigo allá donde juegan los humanos improvisando universos y se estremecen sus almas en círculo al verse entonces desnudas. Voy contigo donde no se te quiebre la voz en el rezo al ver el solitario reflejo en la luna del lobo cuando aúlla al cielo. Dime, ahora dime, ¿existe el lugar?, ¿ese donde ocultan las esquinas los rincones y son nudos solo los lazos? Sin embargo, ahora... amor mío, conozco la clave definitiva. Por dios, ¿por qué mis manos, mis párpados, mis labios no se mueven? ¡¿Nadie conocerá lo que yo sé ahora?!

EL CORTO
¿Te atreves a escuchar la voz que conmueve?
SINOPSIS


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